Su
Historia
En
la ciudad de Saladas, Provincia de Corrientes, República Argentina,
se encuentra enclavada la devoción a San Blas, protector de los
males y enfermedades de la garganta, devoción que la Familia
Acebey lleva adelante por mas de 145 años, cuenta la historia
de San Blas que era obispo en una ciudad de Capaderia. Poco después
de asumir debió huir debido a la persecución de Diocleciano,
se refugió en una cueva y adoptó el modo de vida de los
ermitaños.
Se dice que miles de pájaros acudían a visitarlo, le llevaban
comida y no se marchaban de su lado hasta que después de acariciarlos,
los bendecía.
En cierta ocasión el gobernador de la provincia mandó
a sus hombres a cazar, pero no obtuvieron ninguna presa.
Al pasar por la morada del santo vieron con sorpresa la multitud de
animales y pájaros que ahí moraban, haciendo compañía
al ermitaño. No pudieron apropiarse de ninguno, por mas empeño
que pusieron en la tarea.
Llenos de asombro fueron a contar lo sucedido al gobernador. Este enseguida
mando apresarlo. Al día siguiente llegaron los soldados para
llevarlos al gobernador.
Durante todo el camino, no cesó San Blas de hablarles de la verdadera
fe, y hasta realizó algunos prodigios: al pasar por un poblado
se le acercó una mujer implorando por su hijo, que se había
clavado una espina en la garganta, y estaba muriendo asfixiado. Blas
colocó las manos en la cabeza del niño y rogó al
Señor que lo curara y que curara a todos los presentes de cualquier
enfermedad física que padecieran. Acto seguido, el muchacho expulsó
la espina.
En otra población salió una mujer pobre y le suplicó
que le devolviera un cerdito que era todo lo que poseía y un
lobo se lo había robado. Blas sonriendo, le dijo "tranquilízate
recuperarás tu cerdo". Apenas hubo dicho esto, se presentó
el lobo y depositó a los pies de la mujer el cerdito que le había
robado.
Llegado a la ciudad le encerraron en la cárcel, y al otro día
lo llevaron ante el gobernador:
¡Bienvenido, Blas, amigo de los dioses!
Blas respondió:
Te encuentres bien, buen Señor. Pero no llames dioses a quienes
en realidad son demonios y padecen en el fuego eterno, como padecerán
también en el mismo fuego los que actualmente los adoran.
Al Gobernador por supuesto lo irritó sobre manera esta respuesta,
y ordenó que lo azotaran y lo encerraran luego en la cárcel.
Mientras lo estaban azotando, Blas le dijo al gobernador:
Si crees que porque me atormentes me harás cambiar de amor por
mi Dios, eres un insensato. Dios está conmigo. El es quien me
da fortaleza para que pueda soportar todas estas torturas.
La mujer, a quien el santo había ayudado a recuperar su cerdo,
cuando se enteró de que su bienhechor estaba encarcelado, se
apresuró a correr en su auxilio: mató al cerdo, fue a
la ciudad, visitó al prisionero y le entregó la cabeza
y las patas del animal, un pan y una candela. El santo le dio las gracias
por el obsequio y dijo a la mujer " todos los años en el
aniversario de mi muerte, llevarás a la iglesia una candela y
la ofrecerás en mi nombre. Si haces lo que te digo, todas las
cosas marcharan prósperamente, lo mismo ocurrirá a cuantos
hicieren esto".
La mujer aquella cumplió fielmente el encargo.
Comprobó como, efectivamente, durante el resto de su vida todo
le resultó muy bien.
Pasado algún tiempo el gobernador ordenó que le lleven
nuevamente al prisionero a su presencia, para que renegara de su fe.
Como no lo logró, dispuso que lo colgaran de un árbol,
que desgarraran su carne con garfios de hierro, y que lo encerraran
nuevamente en la cárcel.
Por tercera vez, lo llamó:
Decídete de una vez, ¿adorarás a nuestros dioses
o no?
No me asustan tus amenazas, haz conmigo lo que quieras, aquí
me tienes, respondió Blas.
El gobernador lleno de ira ordenó:
Arrojen a este hombre al lago.
San Blas, al caer al agua, trazó sobre ella la señal de
la cruz, y el lago se solidificó. El santo puesto de pie sobre
la superficie, como si estuviera sobre la tierra, miró a los
soldados que contemplaban atónitos y les dijo; "Ahora tienen
oportunidad de comprobar si sus ídolos son dioses de verdad,
o no lo son. Vengan acá, Conmigo".
Setenta y nueve de ellos aceptaron el reto y comenzaron a caminar sobre
el agua solidificada, pero apenas dieron unos pocos pasos, el suelo
que pisaban se abrió, cayeron al fondo del lago y perecieron.
Salió Blas del lago y se presentó ante el gobernador:
Te niegas decididamente a adorar a nuestros dioses.
¿Decídete de una vez a reconocer que soy siervo de Cristo
y que rotundamente me niego a rendir culto a los demonios!
Entonces el gobernador ordenó que le cortaran la cabeza.
Blas aprovechó los instantes que le quedaban para orar y para
pedir a Dios que todos cuantos tuvieran cualquier mal de garganta, o
padecieran alguna enfermedad, obtuvieran su curación si se encomendaban
a él y solicitaban su intercesión.
Enseguida oyó una vos procedente del cielo que decía "Lo
que acabas de pedir concedido". Inmediatamente fue decapitado,
la Familia Acebey organiza todos los años en víspera de
su solemnidad la Solemne Novena, siendo su fiesta mayor el día
3 de febrero, el día de San Blas en donde todos los prometeros
y devotos se hacen presente en la casa de la Familia Acebey a rendir
tributo "Al Señor San Blas", como lo llaman, así
mismo la familia todos los 3 de cada mes durante todo el año
realiza rogativas a San Blas.
Sus Oraciones 
Oración
a San Blas
(Obispo y Mártir, protector contra
el mal de la garganta)
Milagroso San Blas, que lleno de júbilo,
En el camino a la cárcel, obrasteis prodigios
Y salvasteis la vida de un niño que
Se moría ahogado por una espina que
tenía atravesada en la garganta
alcanzadnos del Señor la gracia de vernos
libres de todas las enfermedades de la
garganta y emplear a esta siempre para
la Gloria de Dios y bien de nuestras almas.
Así sea.
V) Ruega por nosotros San Blas
R) Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Tres Padre Nuestro, Dios te salve María
y Gloria
Plegaria a San Blas
Para que nos preserve de
enfermedades en la garganta
Santísimo Obispo y mártir, San Blas, que
estando para morir alcanzasteis del Señor la gracia de favorecer
a los que en sus enfermedades y ahogos invocasen vuestro nombre: os
suplico me alcancéis del Señor que (libre yo de esta enfermedad
que padezco) se empleen mi garganta y mi lengua en pronunciar con frecuencia
y devoción los dulcísimos nombres de Jesús y de
María, y que nunca se contaminen mis labios con palabras alguna
opuesta a la ley santa de Dios, antes bien merezca cantar eternamente
las alabanzas y misericordias divinas por los siglos sin fin. Así
sea.
Si Queres saber
algo más sobre la devoción de San Blas mandanos en e-mail
a carloskaiser@hotmail.com
y te enviaremos la información que necesitas

sanblassaladas.com.ar
Saladas - Corrientes - Argentina
carloskaiser@hotmail.com
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